Aquel fin de año se presentaba como siempre lleno de expectativa y la muchachada de la barra de la esquina del taller, irradiaba una vitalidad y decisión capaz de embarcar en el asunto al más escéptico. Claro no podía ser de otra manera, es que despedir el año viejo y recibiendo el nuevo con la gran suerte de compartir esos momentos en la compañía de la gente de la Unión Cristiana nos proporcionaba toda esa algarabía.
Primero de almanaque en Martín Chico, en lo de Alonso para ser más exacto y algo que no se puede olvidar de mencionar, esa suerte de poder estar que se nos proporcionaba, por lo menos para algunos de los muchachos de la barra, que solíamos contar con poco poder adquisitivo. Era cuestión de anotarse y después pagar en la medida que se pudiera.
Y ahí estaba el valor de la gente. Don Elbio Charbonnier al mejor estilo de Turichar nos permitió a mí y a tantos otros muchachos la oportunidad de poder compartir y aprender tanto de la vida en la compañía de gente tan macanuda para quienes siempre hay un lugar en el mejor de los recuerdos.
Y bueno ahí estábamos, entre los más veteranos recuerdo a los Hnos Charbonnier, Hnos Berger, Juan Rojas, Eofelio ‘Kinato’ Artus, Silvio Charbonnier, Hugo Talmon, Sergio Berger, Manru Oudri, El ‘erizo’ Walter Long, Hnos Gay, Ismael Long, Nelito Vincon, Edgardo y Aroldo Pontet, Ismael ‘Benteveo’ Long, Oscar Geymonat, El Gringo Gandarias, Hugo ‘Coneja’ Combe, Sandunga Oudri , Esteban Geymonat con todo el cuadro y El ‘Tio’ Benigno Cabrera, entre los que recuerdo.
Y como invitado especial Panchito Valvez de larga trayectoria como cocinero en las excursiones de Turichar. Cabe destacar que estos ‘valores’ se alejaban muy poco del fogón, se entretenían cocinando, recordando anécdotas o mintiendo algún truco además de ‘catar’ en abundancia, alguna bebida. La parte femenina ha quedado fuera del control de mi memoria, pero como siempre la representaban señoras y muchachas de un valor humano sin discusiones.
Nosotros los más jóvenes, junto con la gurizada nos largábamos barranca abajo en busca de agua, playa y sol. Después fútbol, voleibol y algunos garabatos en la arena, las damas paseaban a la orilla del agua. Mucha alegría y pesca, Don Armando Berger había llevado una red, que al principio todo el mundo se anoto para cinchar y al final como siempre, solo quedaron los entendidos. Eso sí, salió mucho pescado.
Día de mucho calor, al que aprovechamos para hacer un picadito. Durante todo el día se había notado una diferencia, vaya uno a saber el motivo, entre Milton Berger y un muchacho ‘Saret’ que también venia de los pagos San Roque.
Todo el día amagando a pegarse, el picado de fútbol fue de ‘guadaña’ libre, se dieron como en bolsa. Justo que termino, que estaban prendidos otra vez, eso si todo de boca, y de pronto la solución, había que arreglar esa diferencia. Mario Oudri propuso una lucha libre, pero sin usar los dedos en las partes bajas.
Se marco un cuadrado en la arena, se dividieron las hinchadas, entre los que recuerdo; Nito Berger, Coco Purtcher, Jorge Esquibel, Alberto Fernández, Pocho Manito, Ari Quiroga, Santiago Oudri, Luis ‘Guri’ González, Pocho Vitalis, Rodolfo Rojas, Víctor ‘El Aguatero’ Rodríguez un lleno total y bueno los que no recuerdo se salvaron de la quemazón. Un golpe en una chapa que había marco el comienzo del asunto. Fuerte los muchachos cumplieron los 3 rounds bajo un merecido aplauso. Mario Oudri que oficio de juez leyó las tarjetas del jurado y clavadito en el medio, un empate, se habían terminado las diferencias, un abrazo y ‘amigos para siempre’. Cuando volvimos al campamento el día jugaba a las escondidas entre las sombras de la noche. Engrosamos las filas de una animosa rueda que esperaba el momento de la cena.
Ismael Long a cargo de la parrilla y Walter ‘Erizo’ Long cocinando a base de pescado, todo un ‘poema’ aquella cena. Y después como siempre el clásico ‘fogon’, donde las llamas reventaban en grandes chisperíos, que se perdían en la oscuridad de la noche, mientras esperábamos el comienzo de la función. Y comenzó nomás con algunos ‘sketches’ preparados por los más jóvenes. Nito Berger cantó aquello tan conocido; se cayó del avión, se cayó del avión, se clavo el obelisco etc. etc., para después culminar con una ‘operación’ con efectos de sabana y farol, donde se extraían cucharones, ollas etc., grandes los cuchillos del galeno y así uno a uno fueron desfilando los números de la noche fogonera. Yo con la acordeona verdulera tocaba la marcha ‘La serpentina’ o alguna polca que terminaba cuando saltaba alguna tecla. Manru Oudri nos deleitaba con sus ocurrencias, demostrando como siempre lo hacia un gran dominio de la situación, por lo general personificando las andanzas de algún Tano Viejo.
El que se había venido con todo desde la ciudad de Colonia, Nelito Vincon ‘Saxofon’ había traído con estuche y todo, algo diferente que impacto, música de ‘viento’. Pero había más todavía Mario Oudri al llegar su turno, preparo el ambiente de una manera que no volaba nada, silencio total en el fogón, solo a lo lejos se oía el murmullo de las olas. Y arranco nomás con un recitado de Evaristo Barrios que decía más o menos así.
“Mi gaucha era retacona tostado el cuero, clinuda, llena de arrugas, trompuda y bastante barrigona, Bigotuda, narigona, pelo largo, labio grueso y tenia además de eso un lunar en la quijada y le caía la papada escondiéndole el pescuezo”
Todo un lujo de verso. Y continúo; “..para Bs. As, se fue cuando me la aconsejaron…” y justo que hizo esa pausa tan necesaria como para tener la audiencia totalmente enganchada, se le disparo una terrible ‘ventosidad’, de esas propias de los campamentos, tal vez producto de un descuido o quizás respondiendo al llamado del ‘chupin’ que había preparado Walter Long. Un ruidaje seco pero cargado de peligro en medio del silencio de la noche.
Rápido el Mario para salir del apuro pego el grito, “la rodilla, se me salió la rodilla!” rápidamente fue auxiliado por kinesiólogos voluntarios, todo un suceso aquella situación. Que mientras Walter Charbonnier se agarraba la barriga de la risa, tirado entre los yuyos, el Tío Benigno Cabrera comentaba con su acento Cordobés, “noo see preoocuupe sobrino que esa musiquita se va a repetir de seguro durante toda la noche entre las penumbras de la carpa”
Poco a poco nos fuimos retirando en busca de descanso y pronto quedo todo en silencio, solo se oía el rezongar de los motores de un barco a lo lejos, que se perdía detrás de una de las islas, las olas que le rezongaban a la arena de la playa y los grillos que le cantaban a la noche. Los tizones del fogón se iban muriendo lentamente apretados por la oscuridad del monte y la brisa que llegaba del Río de la plata. Los integrantes del campamento dormían envueltos en un silencio profundo, pero de seguro todos soñando con un año nuevo ‘cargado’ de esperanzas.
Walter González.