La idea fue de Néstor ‘coco, canilla’ Purtscher. Aquel fin de semana, como tantos otros la situación se presentaba bastante chaucha, poco «contado» y sin locomoción para poder largarnos por algún arroyo de la zona y así disfrutar por lo menos del domingo.
Por esa época Coco además de repartir diarios para el kiosco,»Rosana» de don Vicente Echeverría, adonde se había ganado el apodo de ‘canilla’, tenía una pequeña changa en la “fonda” de Rene Pérez y doña Elodia Echeverría; repartiendo viandas y eso le daba la oportunidad de conocer la calidad de las comidas, especialmente en la línea que comprendía el rubro de las pastas. Después de no pensarlo mucho decidimos ordenar una fuente de tallarines caseros. Coco fue el encargado de que todo se cumpliera y así fue.
Con Mario Oudri nos sentamos a esperar en el ventanal del taller Oudri, la terminación del reparto, con la precaución de no levantar la “perdiz», cada uno que llegaba se iba con la idea de que ya nos estábamos por ir. Teníamos camuflada una botella con el contenido de un “tin tin”, peso pesado que habíamos comprado en el Súper almacén de Miguel Vitalis, tintillo que era necesario adelgazarlo con algún refresco ya fuese la marca “Esponda o Fagar”.
Tomarlo entero no era otra cosa que un tremendo atropello y golpe bajo para el hígado. Y llego el Coco viejo y peludo nomás. Doña Elodia lo puso todo, la fuente, el pan, una bolsita con queso rallado y un sabor en el tuco que todavía me anda sonando en el recuerdo, además abundante.
Que más se podía pedir, nada solo un lugar para disfrutar del festín. Salimos caminando con rumbo a la escuela 32 y no fuimos más de ahí. Nos acomodamos en la misma escuela debajo de aquel ceibo que estaba al costado del paredón. ¿Se acuerdan a la entrada? Quien se puede olvidar si fue testigo de todos nosotros.
Y ahí nomás atacamos porque se «enfría», fue el comentario (que mentira, si estábamos con hambre). Y ese fue el comienzo de una época que nos vio muchos domingos disfrutar de esos momentos tan especiales. Hoy posiblemente a muchos les cause risa o los deje pensando con que poco nos conformábamos o éramos felices. De pura verdad si pudiera tirar esos casi 50 años para atrás con que alegría volvería a repetir esos viejos tiempos, pero todos recorremos caminos diferentes, ya no existe la fonda de Pérez y de aquel viejo ceibo solo nos quedan los recuerdos y un «sabor amargo» al saber que ya no existe mas.
Walter González.