Se le vio venir, caminando lentamente por el medio de la calle, de trecho en trecho se detenía a vociferar sus clásicos avisos y comentarios. Su mano izquierda sujetaba una descolorida maleta a media espalda, camisa blanca arremangada, desprendida, dejando ver un pecho fuerte, peludo, curtido por crudos inviernos y terribles veranos de calor, pantalón azul arremangado a media pierna. Alpargatas negras, mayores, bigotudas y en su mano derecha una boina vasca de un color azul desazulado con su fecha de vida ya casi sin vida.
Cuando llego frente al bar y restaurant ‘Viggiano’ se detuvo y levantando su diestra se le oyó decir “Los hermanos Viggiano, con que esmero y dedicación atienden a los viajeros y a toda su clientela, y con qué altura también atienden a Don Mariano Basabasteguy y a todos los ricos y pobres que llegan a su negocio”. Pero los hermanos Viggiano también atienden al Hermano Ipa con la misma calidad y esmero que atienden a todos los que llegan a su negocio.
Que gran verdad, muchas veces andando lejos de los pagos me he encontrado con compatriotas que supieron trabajar de viajeros por las rutas del paisito y al decirles que soy de Ombúes lo primero que viene al recuerdo son las famosas milanesas a caballo, de todo el plato y el interminable flan con dulce de leche capaz de doblegar al mas feroz de los golosos. Eso si todos coinciden que, en el rubro restaurant la atención, el calor humano y la calidad de las comidas son de lo mejor del país, que tal!
El ‘Hermano Ipa’ siguió su paso pregonando “haga frió o haga calor a las ricas lechugas de San Salvador”. Cuando llego a donde estaba reunida la barra se detuvo y comento en voz alta, estilo recitado “Los jóvenes de Ombúes de Lavalle se reúnen a conversar amigablemente todas las tardecitas, son muy buenos amigos, nunca se ven pelear o discutir. Los jóvenes de Ombúes también son amigos del Hermano Ipa”.
Dicho esto se arrimo lentamente, dejo su maleta en el suelo y saludo con su clásica’ cortesía’ a modo de pregunta “¿Cómo andan los muchachos?”. Después se quedo un rato escuchando atentamente los comentarios de la barra, mientras hacía girar su vieja boina vasca sujetada al cuarteado pulgar de su mano izquierda, bajo la atenta mirada y el respeto de todos los presentes. Pasado un lapso de tiempo y entretenidos en nuestras conversaciones nadie lo vio irse. Cuando nos dimos cuenta, su recia figura y su voz se iban perdiendo frente a la sede del club Peñarol; “sea invierno o sea verano a las ricas lechugas de Perseverano”
Si me perece verlo, y recordar que más de una vez mi viejo Juan cuando lo encontraba con su asada, ya carpiendo o limpiando algún terreno y le gritaba “gaucho Ipa (El lo llamaba así) cuando puedas tírate hasta el rancho que los muchachos están cocinando un puchero”
Y allá se aparecía con su botella de Matutina envuelta en papel de ‘estraza’ ocultando un espumoso y tibio tintillo. Y así más de una vez tuve la suerte de compartir un poquito de la vida con un personaje, de una riqueza incalculable, acuñada en su mano fuerte, una sonrisa franca y un generoso corazón. Si supieran como me apena no haber sabido un poquito mas de su bohemia, pero la vida siempre nos queda debiendo una yapita.
Salud 3 veces Salud ‘Hermano Ipa’ donde quiera que estés.
Walter Gonzalez