1 – Introducción

El capricho de la vida, el destino, las circunstancias o como mejor se nos ocurra o antoje decir nos ha ido llevando por caminos y lugares ajenos a nuestra persona o descendencia. También pienso que no debo de ser el único quien lleva en su corazón una pequeña o no tan pequeña cuota de nostalgia, ojala que no me equivoque. No sé porque cada vez que estoy en un lugar me detengo a observar sus movimientos, sus personajes, su folclore, su modo de vida, un lugar con su parte muy especial por supuesto, ya sea un viejo bar ,una esquina o una pequeña plaza donde un soleado lugar le da ambiente a un colorido grupo de abuelos que gastan sus tardes entre recuerdos y anécdotas de un lejano tiempo, o tal vez con comentarios de una actualidad, por demás complicada por tantas noticias de violencia que día tras día sacuden nuestra gastada sensibilidad. Y bueno casi siempre termino en algo que me causa dos sensaciones muy diferentes, alegría y tristeza.

Alegría porque me llegan recuerdos de mi esquina, claro que yo también al igual que todos tuve un lugar, ese lugar tan necesario en nuestra vida chiquilinera, el que en parte modela nuestra forma de ser o que nos marca en la memoria los mejores momentos y recuerdos de nuestra juventud. Tristeza porque esos lejanos momentos ya no volverán, claro es lo lógico pero lo que me pone triste es el pensar por dónde andarán, hacia donde habrán volado los gorriones de aquella bulliciosa esquina, la esquina del viejo taller de don Basilio Oudri. Y entre tristezas y alegrías sueño despierto con mi pueblo, con la esquina, la barra, los muchachos….

Es de seguro que a muchos de ellos ya no los volveremos a ver, porque así es la vida y los que todavía de alguna u otra forma vamos cinchando con la pesada “carrindanga de la vida”, como solía decir mi viejo, guardamos muy adentro la esperanza de un feliz reencuentro. De lo que sí estoy seguro es que esos amigos y tantos personajes que por esa época le pusieron color al pueblo y a nuestra querida esquina, los muchachos de la barra del taller siguen estando como ayer, como hoy, como siempre….la vida o la muerte como se quiera mirar cumplirán con su misión, pero (los gorriones bulliciosos) estarán siempre ahí. Para mí son eternos, “como las palomas de la plaza”. Qué lindo sería si pudiera recordar aquellos viejos tiempos pero…han pasado tantos almanaques.

Walter González

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