21 – Los nocturnos

Pasadas las 7 de la tarde, hora en que cerraban los talleres mecánicos que lo hacían temprano, aparecía por la esquina donde estaba reunida la barra el popular Darío ‘Laco’ Maciel , después de su diario laburar en el taller del tano Vito Gorrieri.

Con su tranco cansino y su figura de comisario, no de balde llevaba ese sobrenombre, por su gran parecido físico con un reconocido comisario de las costas de Soriano, ‘Laco Castillo’ famoso gendarme que nunca pedía coimas (las agarraba de callado). También le acreditaban otros sobrenombres, como “luna llena” por su cara redonda y grande.

Cabeceando pelotas de fantasía, por la vereda de enfrente caminaba como siempre lo hacía el popular y siempre recordado ‘Boton Flojo’ Gutiérrez. Después de terminar su jornada de trabajo, Víctor ‘El Aguatero’ Rodríguez, salía como chijetazo en su bicicleta de mujer del taller de Prieto y Toscano, se paraba en los pedales, ganando tiempo para una ‘ducha’ según decía cuando llegaba a la reunión.

Algunos eran visitantes casuales, como Carlos ‘El Gordo’ Simonetta, Chiche Vidal, Bartolo Lacoste, ‘el chueco’ Long,  ‘el Torito’ Vitalis, ‘El Paton’ Davila, ‘Pocho’ Manito, ‘La Cigüeña’ Echeverría,  ‘el Negro’ Rodríguez,  ‘el Lechuga’ Fraga y algunos otros que llegaban haciendo un alto en sus correrías. Para ellos siempre había una botella de chop vacía con el viejo libreto de, {que lastima recién se termino}, no les quedaba otra que ir al bar de Viggiano por una llena. Ellos lo sabían pero era el precio amistoso que pagaban por ser un rayo más de la rueda.

Los jueves a eso de las 8 y media pasaban rumbo al cine Alberto ‘El enterizo’ Fernández oficiando de guarda espalda a su hermana Mabel, apuradito ni miraba para el costado donde estaba la muchachada, iba durito como gurí empachado con yeso, tal vez haciéndole honor al sobrenombre.

Cesar ‘Chumbito’ Sánchez era otro que volaba cuando terminaba su jornada laboral en el taller Oudri, salía como pedo lo más agazapado posible porque cada vez que la ‘Polilla’ Cayrus lo veía le gritaba,  “¿Chumbo cuando vas a formar con uno de a litro, o Don Basilio no te paga?”

Algunas veces por las tardes el paisaje se “achicaba” con la aparición cancina y corpulenta de Ismael Cortondo ‘provisoriamente’ en Ombúes de Lavalle desde hacía muchísimo tiempo, tanto que los más despistados de seguro que se creían que había nacido a la vuelta de la esquina.

Eso sí por las tardes se lo solía ver matando el tiempo en compañía de su  “pichicho”, o charlando amistosamente con los vecinos. A veces con Don Jeremías Jara, Franco o ‘El petrolero’ Vidal, empleados de UTE por aquellos tiempos, y como olvidar aquel valor que siempre se entreveraba con ellos en las amargueadas nocturnales.

Para mí era como el verso de Fernán Silva Valdez, ‘venia no se sabe de donde’, el popular ‘Pajarito’ pintorcito de todas las ‘Brochas’. Para más datos fue el que más colaboró en un carnaval de aquellos tiempos con el Chiche Enrique para pintar el tablado ubicado frente al bar Viggiano, ‘un precioso amanecer’ titulado ‘EL SOL SALE PARA TODOS’. Pucha que lindos recuerdos.

Haciendo valer aquel viejo dicho de dios los cría y ellos se juntan, casi todas las tardes pasaban derrochando bohemia dos viejos amigos ‘La perra’ Ibarra y Quicho Valdez.

Los martes Hugo ‘La  Coneja’ Combe manejaba su forchela, principal herramienta de trabajo en sus tareas de pintura y refacción a ‘domicilio’, con rumbo al bar, Confitería de Don  Pancho Molinari.  Iba para reunirse con la Comisión del club Nacional de fútbol, donde además por esa época tenían su lugar de trabajo como peluqueros “Gogo” Wilson y ‘El Gallego’ Gines López. 

Pero este martes que les cuento fue distinto. Venía al tranco largo, camisa de lanilla a cuadros, que encandilaba, saco sport de una confección último grito, doble tajo, pantalón gris ‘levantado’ a más no poder, zapatos ‘incalcuer’, gorra color batarás y una bufanda tan larga que después de darle dos o tres vueltas al cuello le sobraba para otra de repuesto, todo un gangster. Venia llegando y Gilo Granotich no se aguanto y comentó, “hermano pareces RI Fi Fi”.

Cuando se detuvo un momento Manru exclamó “¿Coneja como haces?” y “fiado no es caro” contestó y luego agrego “ni un paso atrás como dijo el malevito del barrio y lo llevaron una cuadra marcha atrás con un cuchillo en la barriga”

Había conseguido un buen laburo, pintar la casa y parte de la tienda ‘La Nueva Moderna’  de Don José Méndez y ese adelanto de pilchas le aseguraba el ‘laboro’ con todas sus extras. “Conmigo no tienen suertita, otro aviador que se mata”, comentó cómo manera de chiste, pero un chiste cargado de verdad. 

El ajuste de cuentas vendría al final. Siempre se lo decía, “Coneja, si hubieras nacido en la época india de seguro te hubieran llamado el jefe ‘lapicera velos’” a lo que respondía, “no es para tanto si apenas se contar con los dedos”.

La verdad del asunto es que no volvió a pasar de vuelta por la esquina, tal vez se perdió en alguna parte oscura de la noche, o se largó por las calles de atrás para evitar algún filoso comentario.

El frió ya nos estaba ‘calentando’ y cuando estábamos por retirarnos, emergieron dos figuras del bar de Viggiano. Don Basilio Oudri que se perdió detrás de la vieja herrería ubicada al frente de su casa, tal vez saboreando la última grapa de la fecha y el ‘León’ Baldi (camionero el hombre), que venía caminando con cierta dificultad, a lo que Isidoro “La nena” Martinez comentó bajito “me parece que ese camión tiene una goma desinflada”, porque viene de costado, ‘El León’ sintió el murmullo y bichó medio de ‘cote’ pero al no poder identificar al desubicado de turno siguió su camino.

Cuando la noche empezó a pararse en los ‘pedales’ comprendimos que ya era tiempo de emprender la retirada, y salimos cada cual por su lado con la esperanza de un reparador descanso, tal vez pensando ‘mañana será otro Día’.

Walter González.