Primera parte
En esta historia que voy a contar ahora, por primera vez aparecen algunas personas que no llegué a conocer y a diferencia de las otras en las que todo lo comentado era lo que había, y se chamullaba, más allá de que fueran ciertas las aventuras de los personajes o no. Además de ser el mismo escenario y casi los mismos personajes todas las historias son distintas, pero esta tiende a ser más diferente que las diferentes. Cuando de niño se empieza a crecer y por ende a conocer lo desconocido, empiezan las clásicas preguntas a los mayores. Entre la cantidad de preguntas que le hice a mi padre contaré algunas de las que más me llenaron de curiosidad, las otras las dejo para redactar otras historias.
La primera fue…. ¿por qué? Todos nuestros vecinos tenían sus campos, sus chacras, animales etc., en definitiva su buen pasar y nosotros apenas si teníamos una hectárea, como para ir tirando. Aclaró que hasta los 13 años viví en la campaña. La respuesta de mi viejo fue que él no lo tenía bien claro, pero me dijo que de tal punto de un campo que me señaló a tal otro había pertenecido a Bernabé y Victoria González, seguramente los primeros González en la zona. Lo que no tenía claro o nunca le contaron, fue el motivo por el cual lo perdieron, pero tampoco no le vino mucho al caso, era lo que había.
Lo bueno fue que por esa época había una ley, que tal vez todavía sigue estando y era que si alguien perdía sus bienes raíces, o el campo en este caso, no se podía dejar a nadie en la calle, había que por lo menos dejarle terreno como para levantar un rancho. Buena medida comentó el viejo Juan, es probable que en estos tiempos, con 2 boleos en el traste, es probable lo arreglaría todo, quién sabe.
Tengo que decir que a pesar del traspié que experimentó la familia por esa época, lo supieron sobrellevar como esas cosa que te depara el destino y en lo personal fue algo que de no haber sucedido así no lo podría contar, vivencias inolvidables, la mejor base de arranque para enfrentar el futuro, porque en la mesa de la vida se encuentra todo servido, esta en las personas el saberlo disfrutar, a veces con lo más pequeño y difícil alcanza para algunos y para otros, todo lo que logran siempre es poco como si en el cielo o el infierno hubiera lugar para tantos logros acaparados. Lo más importante es no olvidarlo, para que sirva como primer escalón para treparse a todo lo necesario para poder seguir luchando por los dificultosos caminos de la vida.
La otra situación era que de tanto en tanto había charlas y comentarios entre los mayores, donde se nombraba al finado ‘Cacho’, hermano menor del viejo Juan o el tío que no llegue a conocer, pues falleció cuando solo contaba con 17 años. Dijo mi padre, fue de lo peor que me pudo pasar, mi hermano trabajaba de sol a sol en un establecimiento donde también se quedaba a vivir, como se acostumbraba en esos tiempos lo malo fue que a pesar de que la comida era parte del trato, lo hacían pasar hambre. El resultado de todo esto fue que murió tuberculoso en el hospital de la ciudad de Colonia. «Tuve que llevarlo contando con unos pocos pesos que me pudieron juntar y además llegar, sin conocer a nadie. Ahí aprendí el valor de la gente, para probar una solidaridad que no conocía», comentó. «Tal vez fue todo compasión, lo cierto y triste del caso fue que a los 20 días de estar internado mi hermano falleció y yo fui el único acompañante que tuvo el enterrador.»
Un domingo a la mañana fuimos a tratar de pescar a un arroyo continuación que da el nombre al paso Rosli y mientras esperábamos algún pique le formule la siguiente pregunta; «¿Usted cree en la honestidad de la gente?». «Bueno, ¿por qué?» me preguntó. Porque la semana pasada la maestra nos dijo que la honestidad es una de las cosas que prima para ser una persona de bien en la vida y además tuvimos que escribir una redacción sobre ‘La honestidad’. «Yo pienso igual que la maestra, pero le voy a contar algo que me pasó cuando era muchacho y que confundió un poco más de la cuenta de lo que yo pensaba».
«Cierto día caminando a la entrada del pueblo encontré una billetera y como tenía la identificación de la persona, me fui todo contento a llevársela. Le cuento que hasta ahora, y espero nunca mas me vuelva a suceder, en mi vida me he llevado tan tremenda humillación, se ve que el que la había encontrado antes, quien sabe en qué situación, le saco la plata y la volvió a tirar. El fulano ese me subió y me bajo de la manera más salvaje, lo más suave que me dijo que era un chorro, un ratero barato y que no me quería ver nunca más cerca de él…»
¿Y dígame si usted no reaccionó con todo lo que le dijo?.
«No, no se olvide que yo era un gurí que no tenía padre, ni nadie que me pudiera defender, agache la cabeza y me fui. Lo cierto es que después de lo sucedido nunca más encontré nada más, como para probarme yo mismo de lo que hacer. Después cada vez que el fulano en cuestión estaba conversando con alguien y me veía, me señalaba con el dedo y todos me miraban y se reían de mí. No crea que todo lo que brilla es oro, a veces el color engaña. Con el paso del tiempo, como que cambió de idea y se quiso arrimar, medio con la cola entre las patas, queriendo venderse como piola, como el gran macanudo, tal vez se dio cuenta de lo mal que había estado, y que yo no era lo que él pensó en aquel momento pero la caca ya estaba seca y estoy bien seguro que mi silencio le dolió más que una trompada.
¿Y dígame se puede saber el nombre del señorito ese?
«No, gente así no merece que la recordemos, por lo menos nosotros, tampoco quiero que ustedes vivan con rencor por algo que no vale la pena, tengo la conciencia limpia donde quiera que vaya, pero para que vea cómo son las cosas, andan los comentarios que quieren nombrar una calle del pueblo con el nombre de ese tremendo y no muy recomendable sujeto».
Así es la vida comentó, juntamos las cañas de pescar y regresamos al rancho, sin el más mínimo olor a pescado, pero lo cierto que para mí que se habían aclarado algunas cosas, aunque todavía me quedaban algunas más en el tintero, entre ellas saber el lugar donde había nacido.
Walter González.