Segunda parte
Nuestros viejos Juan Carlos y Maria Elida se habían comprado un terrenito en el poblado, y como podían le iban arrimando materiales y con el tiempo, y después de mucho esfuerzo, lograron por lo menos lo más básico como para mudarse. Después vendría el resto, tratar de continuar trabajando en la forma que se pudiera. Por lo pronto se nos terminarían los días de pesca, las cacerías de perdices con las cimbras o con el cesto o gorro como decíamos nosotros, no más la onda al cuello y muchas otras vivencias. Pero tal vez lo más importante, no tendríamos que hacer una legua y tanto a lomo de caballo para ir a la escuela con inviernos de lluvia y mucho frió, que aunque siempre lo hacíamos sin chistar y esas experiencias pasarían a ser historia. Se veía todo positivo, pero mi madre tenía como un presentimiento, algo que no le entusiasmaba mucho.
Resulta que algunos campesinos llegados al tiempo de jubilarse se habían mudado al pueblo a disfrutar de su retiro y de sus casas nuevas, estilo americano muy de moda por aquella época y al poco tiempo algunos habían fallecido debido a distintas causas. «Faltaría que nos pase algo a nosotros» comentó una tarde mi madre, el viejo Juan le sacó brillo al asunto, diciendo que se trataba de gente muy mayor y quedó por ahí la cosa. Con el paso de los meses ya estábamos prácticamente integrados a la situación de la nueva experiencia. De pronto hubo un cambio inesperado en nuestras vidas.
Cierto día por la tarde mi vieja había vuelto de ver al médico y las noticias no eran para nada de lo mejor, el galeno le había detectado un bulto en uno de los senos. Aquella luz de esperanza que nos había iluminado se apagó de un modo inexplicable, y en menos de lo imaginable, tuvimos que aprender a vivir sin el respaldo y el cariño de la vieja para siempre .Cómo olvidar aquella tarde que estábamos jugando un ‘picadito’ en el predio de la escuela y la vi regresar lentamente calle abajo, venía de Montevideo donde había ido por asuntos de seguir con el tratamiento, a saberse tendría que someterse por lo menos por el periodo de un mes, como lo había hecho otras veces, fue terrible verla volver a los 2 días.
Recuerdo que cuando llegué a casa, estaba tratando de colgar un cuadrito que había traído de Montevideo donde se leía “Con sacrificio tenemos esta casita’’. Todo aquel descontrol inesperado fue muy difícil de superar, yo diría que imposible, pero lo fuimos sobrellevando con mis hermanos en parte por la calidez de los amigos y la buena onda de la gente que nos rodeaba en aquellos momentos, aunque dentro de mí sentía la necesidad de buscar nuevos rumbos y después de unos cuantos años así lo hice. En mi partida me lleve todas las vivencias y anécdotas de aquella época y las estoy tratando de documentar con la intención de que los viejos amigos y personajes de esos tiempos, no desaparezcan de la memoria de las generaciones venideras y nuestros hijos y nietos tengan en parte una idea de lo sucedido en nuestra juventud.
Después de vivir 10 años en la ciudad de Colonia, ya casado y con un hijo de 5 años y debido a que los vientos no soplaban a nuestro favor decidimos con Nelly, mi Sra. radicarnos en Australia. Un cambio que para muchas personas no tenía una respuesta del todo clara y justificada, un hijo chico, mi Sra. y yo con un seguro y buen ‘laboro’ al pensar de algunos y faltando pocos meses para sortear las viviendas de ayuda mutua que estábamos construyendo se veía todo una locura. Pero la vida es así, continúa soportando decisiones que para algunos va sin muchos comentarios y para otros también, porque al parecer en el mundo las personas parecemos Muñequitos recorriendo los caminos de la vida y los sucedidos de la mano del destino.
Pero había algo que no nos cerraba para nada, se respiraba un aire con una mezcla de rareza que nos soplaba en la nuca y muchas averiguaciones sin fundamento y se imponía una marcha apresurada aunque para la inmensa mayoría estaba todo bien, pero estoy seguro que el tiempo pondrá las cosas en su lugar, aparecerán las respuestas, aunque para la mayoría seguiría siendo lo mismo. Un pequeño comentario al paso, Nelly mi Sra. había ido al hospital Evangélico en Montevideo por un chequeo de salud y cuando estaba por subir a la Onda de regreso a Colonia se decretó el golpe de estado año 73, y se tuvo que quedar 10 días sin poderse comunicarse con nosotros, amén de los malos momentos vividos, pero eso ahora es parte de otra historia, aunque a veces es tema de comentarios con otras personas que lo vivieron y recuerdan esa difícil experiencia.
Volviendo de nuevo al asunto, nuestros comienzos en Australia fueron bastantes vertiginosos, habíamos llegado cantidad de emigrantes de distintos países latinos y muy pronto se formaron clubes de fútbol, peñas, grupos de baile y lugares de esparcimiento y floreció una solidaridad con los países castigados por las dictaduras en Latinoamérica, que aunque ya volvieron a sus democracias, siempre se sigue colaborando y cuando aparecen desastres naturales y situaciones difíciles sin importar el país que sea, ni hablar, principalmente la colectividad Uruguaya.
Y bueno con todas estas movidas comenzaron las amistades, y las reuniones con sus respectivas ‘barbacoas’, donde el truco, las guitarreadas y los cuentos no permitían espacio de silencio para nada. Con el paso del tiempo los cuentos fueron escaseando o se hacían repetidos y esto permitió que apareciera la imaginación y las anécdotas de los presentes, con los sucedidos en sus respectivos lugares de origen. Para los cuenteros, los mentirosos y los iluminados por la fantasía se abría un bienvenido espacio, diferente, donde no había nada chico y yo en medio de esa situación no podía ser menos en cuanto a levantar el puntaje de nuestro querido pueblo. Los personajes con sus respectivas anécdotas sobraban. El que no se perdía nada de estas situaciones, Nicolás, nuestro hijo menor, siempre andaba investigando sobre la vida en el paisito. Después de vivir unos años en Australia decidimos volver por lo menos para recorrer el Paisito y sus lugares y conocerlo mejor y esto le daría la oportunidad a Niki de conocer nuestro lugar de origen y perfeccionar el idioma español. Recuerdo que cuando llegamos a Ombúes de Lavalle el lugar donde había nacido lo primero que hicimos fue ir al cementerio, después pasamos por la tapera, donde habíamos vivido los primeros años y de ahí nos fuimos al pueblo Castillo a tratar de ver algunos parientes que tenía por esos pagos y que no veía por muchos años.
Después de la primera recorrida llegamos al poblado y Nicolás comenzó a preguntar sobre todo lo que había escuchado con relación a los sucedidos en mi pueblo de origen durante las tantas reuniones realizadas con nuestras amistades en la ciudad de Sydney. Recuerdo que cierta vez cuando yo era muchacho le pregunté a mi padre adonde había nacido. La misma pregunta que yo le había hecho muchos años atrás la volvió a repetir Nicolás. ¿A dónde fue que vos naciste? ¿Donde nace la gente en este lugar? En estos momentos no lo se, pienso que los que cuentan con mejores recursos van a ciudades con más comodidades aunque si nacen en otro lugar tal vez, los papeleo tendrían que pertenecer a la ciudad donde nacen, pero es probable que eso no tenga importancia, o tal vez con el paso del tiempo el pueblo ya tiene las comodidades necesarias.
Bueno, escucha lo que me contó el viejo cuando le formulé la misma pregunta. Resulta que por esa época ellos ‘mis padres’ estaban viviendo en Pueblo Castillo o San Salvador donde vivian la mayoría de los familiares por parte de mi madre y al parecer como yo venía molestando más de la cuenta y donde ellos vivían no había médico en caso de alguna complicación decidieron moverse para Ombúes. Mi padre tenía muy buena amistad con un personaje conocido en esa época como el Loco, y el cual siempre comentaba que de él había aprendido parte de los secretos de la albañilería y de la vida. Era como el siete oficios de la comarca y además cuando mi padre andaba a la vuelta cumpliendo con algún compromiso laboral, tenía una cama turca siempre pronta para él. Pero Nicolás quería saber donde estaba la famosa casa. Yo tenía una vaga idea, cruzando de la Automotora Ombúes en diagonal estaba la casa del turco Jadour, un veterano que trabajó mucho tiempo con el viejo Juan y de ahí como yendo rumbo al horizonte a mano izquierda mi recuerdo me llevó a una casa, pintada a la cal y con friso azul fuerte. Cuando pasamos con Nicolás a lo mejor estaba todo bastante cambiado, pero no hacia la diferencia, eso sí tremendo pastizal en el frente pero nunca llegué a estar seguro si era el lugar donde realmente había nacido. Según se contaba yo estaba para nacer el sábado en el correr del día pero se fue alargando la cosa y la cigüeña recién pudo aterrizar a las dos de la mañana del ya domingo 07. Parece ser que el cordero ya estaba en la segunda arremetida y el vino ni hablar. Por supuesto que la matrona o partera, quien no, Doña Petrona Machuca, que por esa época trajo al mundo a medio pueblo y más también. El mayor problema era la falta de luz y para embarrar más el asunto llovía a cántaros y al que le tocaba ir por vino al Bar Sportsman, que estaba abierto casi toda la noche, tenía que protegerse con una bolsa de arpillera, según comentaba el viejo, que manera de venir al mundo la mía.
Al final terminaron todos mojados, por dentro por pura responsabilidad del tinto y por fuera porque para asar el cordero solo había un techito que se llovía como afuera, como diría la coneja Combe ‘atajaba más revoleando que puesto’, y la parte de adentro era todo territorio mujeril. El viejo Juan me contó que había más varones que mujeres donde predominaba su Flia. La tía Eulogia Caraballo y Bernabé Gonzalez, padres de la Vaquilla, Joaquín, Mario, Héctor y la Lechuza, que era chico y según se decía, medio loco y la otra mitad le faltaba poco, y se pasó toda la noche rompiendo el material de lo buñuelos, además también adentro estaban Irma y Olga, las únicas damas que recuerdo de lo que conto mi viejo hermanas de los González arriba mencionados, y es posible que tal vez hubiera alguien más, el «Rubio Gomes» de los pagos de Carmelo, compañero de trabajo del viejo Juan y otro compañero que le decían “El loco tornillo”, de los pagos de Palmitas y por supuesto el dueño de casa, El Loco. «Hasta por ahí es algo de lo que yo recuerdo, que tu abuelo me contó, tal vez había más personas que mi memoria los abandonó o no me lo contaron», le comente a Nicolás.
¿Pero y qué hay del Loco? pregunte. Bueno, es bien sabido que las familias de antaño eran más numerosas que hoy en día y que en cada Flia siempre hay uno que es más despierto, decidido, con más inventiva, más despabilado, más inteligente etc. que los demás hermanos, por lo general son los menores que tienen la escuela de los mayores y porque los ‘viejos’ ya se han ido gastando en el manejo de la gurisada y ese personaje lleno de inventiva viene a ser llamado cariñosamente el loco de la Flia, a lo mejor por ahí comenzó nuestro personaje, pero con el correr del tiempo le fue agregando más misterios. En ‘Noche de Ronda’ aparecen un alto porcentaje de los cariñosamente llamados locos, de los medios locos y también los que se hacen los locos.
Para mi padre, el loco, nunca supe su nombre, pero de apellido muy popular en la zona, era un ídolo, de él aprendió infinidad de cosas y locuras, contaba que siempre iba largos años adelantado sobre el resto de los mortales de su pueblo. Veía, contaba y comentaba lo que el resto también veía pero callaban, tal vez por la falsa conveniencia de ser bien vistos, ‘mas vale bueno y calladito’ que malo denunciando lo que desprolija las buenas costumbres. Muy inteligente siempre estaba inventando cosas, además leía mucho, le había regalado a mi padre un libro de origen ruso, traducido al español llamado “Hambre”, que lamentablemente se perdió en algún recodo del olvido y el tiempo y que se trataba de un muchacho que con el afán de cambiar su vida se fue a la ciudad de Leningrado y nunca lo pudo lograr, al contrario, todo lo malo que le puede pasar a un ser humano le sucedió a él, que terminó con su vida arrojándose bajo las ruedas de un tren. Pero eso no era todo, ese veteranito el ‘loco’ practicaba la magia negra y tenía atemorizados a todos los vecinos con ruidos raros que tal vez era todo sugestión, lo que sí aparecían muchos animales muertos y cosas raras vaya uno a saberlo, tal vez esa parte se debía a la acción despiadada de algún viejo maniático que los hay en todos lados y que agobiados por los fracasos de la vida, se la toman con la alegría de los pobres animalitos, pero las culpas las cargaba siempre el Loco. La verdad es que nadie se aventuraba a ‘revolver’ los asuntos, porque la magia negra en aquellos tiempos, y en todos los tiempos, se cubre de un misterio aterrador hacia lo desconocido, pero que también tiene la virtud de atraer a más de un curioso.
Yo, comentaba mi viejo Juan, podría haber aprendido algo sobre la magia ya que siempre me quería enseñar, pero reconozco que era medio bastante ‘flojo’. Recuerdo continuaba el viejo Juan, que unas de las rutinas que había que hacer era matar un gato negro un viernes a la noche, hervirlo hasta quedar los huesos bien blancos, después ir al cementerio también un viernes a las 12 de la noche y pasearlos por todo el campo santo, al volver a la casa tenía que pasar los huesos frente a un espejo y el que no se veía reflejado, era una de las armas o amuleto que servia para trabajar con la famosa magia. Como pueden ver, ya tienen una clase de misterio completamente gratis. Mi viejo ya con el asunto de tener que matar un gato le era más que suficiente, como para no intentar ningún aprendizaje, porque era incapaz de matar una mosca, pero eso si, le quedaron enroscadas muchos cosas, dichos y actitudes propias de verse reflejado en el espejo de un hombre por demás carismático. Yo lo apreciaba mucho y lo quería porque más allá de sus magias, sus locuras y todo lo que el resto de la ‘gente’ le veía, fue la única persona que me ayudo y me puso en el mejor camino que me pudo indicar, siempre me repetía, «el hombre nace libre, ningún patrón ni caudillo es el dueño de sus actos, recuerda que para algunos es mejor quedar mal denunciando la verdad que ser bien visto a la sombra de una falsa conveniencia».
A la hora de un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera, porque ya nada importaba mi viejo recibió la noticia, el Loco había muerto, se había quitado la vida. «Yo lo sabía» comentó mi padre… que no le iba a dar ese gusto a la muerte. Y se quitó la vida a lo maestro como solo el era capaz de programarla. Un tiro en medio de la frente, dicho así suena como un tiro simplemente, pero vaya que lo pensó. El asunto fue que preparó todo un mecanismo propio de una técnica provista, de una fina inteligencia. Instaló una palanca a su derecha donde se había acostado, la que una vez todo pronto tiró hacia atrás, y por medio de una cuerda activó otra palanca, situada en la esquina de la cama, y esta con un mecanismo especial, jalo el gatillo del arma que estaba frente a sus pies, y salió disparado el balazo, pero tan perfecto que le dio en el medio de la frente. Y así terminó la historia del ‘Loco’, acostado en su cama con un plomo entre ceja y ceja. Por esas cosas que casi siempre ocurren no fui capaz de indagar más acerca de la vida de un hombre tan polifacético, ni siquiera el nombre, pero como se dice algo es algo o talvez es todo, porque hasta donde yo tengo entendido en el pueblo donde nací todavía no a aparecido un historiador que cuente lo que nadie cuenta.
Y tal vez en las alturas de lo desconocido descanse en paz junto a mi viejo Juan, el hombre que cedió la humildad de su casa para que yo viera por primera vez la luz de mis días.
Walter Gonzalez.