Casi siempre pasaba por la vereda de enfrente y nos dejaba pensando hacia donde iría el “gringo” Artus (que chusmas). Para mí que era todo un despiste para mantenernos entretenidos. Ya había dejado el overol amarillo mostaza, y su viejo gorro de visera de mica, clásico uniforme de repartidor de kerosén.
Llevaba puesta camisa de tartán a cuadros de un color rojo ladrillo viejo, pantalones bastantes parecidos a los normales, botas con forro de corderito y saco de cuero. Sombreros ni hablar, tenía varios, alas cortas, alas largas y también ranchos que se les solían llamar o a veces un gorro de visera forrado de corderito, que le tapaba hasta las orejas y muchos más. Mano derecha en el bolsillo y en la otra llevaba el mate y sujetaba el termo bajo del brazo.
En los bolsillos del saco de cuero, que siempre llevaba tirado hacia atrás de seguro que se podían encontrar las cosas mas inverosímiles, desde un viejo trabuco, un cortaplumas de uso multifuncional, una petaca o alguna cantimplora llena de alguna “canina” brasilera, un mazo de barajas decorado con muchachas de ropas olvidadas o lo que uno menos pudiera imaginarse. Y así solía pasar, al tranco largo que aunque fuera despacio iba ligero, cabeza gacha, jalveando de reojo, como solía decir “Jilo” Granotich, en definitiva todo un fantasma.
Cuando volvía si tenía espacio para sentarse en el ventanal del taller, llegaba. Siempre al verlo le hacíamos un lugar. No respondía los saludos, se ubicaba, se quedaba un par de minutos callado y después largaba una carcajada bien despareja y decía “VUSA” (Vagos Unidos Sociedad Anónima) Y le agregaba “Made of Vichicomaje”, a las palabras en ingles posiblemente las había sacado de alguna cosechadora vieja.
Cuando le preguntábamos “¿Como andas ‘Kinato’?” contestaba fuerte “Sr. Eofelio Artus”, después comentaba en voz baja, “hay que llamarse Eofelio”. Lo conformábamos diciéndole que casi nadie está conforme con el nombre que le han puesto, son por lo general nombres de viejos, o tal vez sacados de algún almanaque aunque el suyo no dejaba de ser original. Además conocido por Pocholo, El lobo, Atila, algunos piamonteses más recatados lo llamaban simplemente el menor de Adolfo. Eso si rebelde a lo Maradona con un 10 en la espalda.
Tenia un poco de Exterminador, de Cowboy, Obrero, extraterrestre o porque no del “Che”. De seguro que si los estudios Universal hubieran estado en Ombúes de Lavalle, no era Silvestre Stallone el que hubiese hecho el papel de “Rambo”, le encantaba la aventura. Eso sí para los amigos todo, en el fondo de su corazón guardaba siempre los mejores sentimientos. Les cuento que con Kinato “parlábamos” mucho cuando pasaba repartiendo kerosén en su camioncito, siempre trataba de convencerme para largarnos a probar fortuna por algún país vecino, especialmente Brasil, sino Estados Unidos a lavar vasos en los bares, pero nunca se dio.
El sabia mi problema porque perder la vieja en los albores de la vida no es fácil para nadie y por ahí caminaba yo, y posiblemente el también tenía problemas parecidos. Lo que si a veces el comentaba que tendría que tener algún otro laburo mejor que repartir kerosén, y bueno ya vendrán tiempos mejores le contestaba y por ahí quedaba la cosa.
Siempre recuerdo cuando compartíamos muchas comidas en su “Hacienda” como él le llamaba, toda una construcción “sicodélica”, donde había un lugar, levantaba una pared, a veces derecha y sino combinaba le “dedicaba” una curva y asunto arreglado.
Fueron muchas las noches que compartimos nuestra amistad con cenas de alta ‘categoría’, especialmente cuando ‘Jilo’ Granotiche, diestro valor en el manejo de la “gomera” lograba cazar suficiente pichones de palomas en el monte de Félix, y nos despachábamos con unos guisos a lo que salga.
Después venia el show donde se usaba mucho la improvisación y por supuesto valía todo. Nunca éramos muchos, Kinato como dueño de casa invitaba más bien gente del barrio. Pocho Manitto , el ‘ñato’ Godoy, el ‘Chino’ Cayrus y recuerdo que una vez fue Carlitos Artus, pero no le gusto el guiso. Se ve que algo fallo.
Los invitaba de a pocos, cosa que el mange alcanzara. Para cocinar había formado como un pequeño corral de ladrillos donde 3 palos cruzados sujetaban la olla de hierro al mejor estilo campero o si se quiere a lo indio. De los tantos recuerdos que guardo de Kinato, hay uno que tiene una fecha muy especial, el 22 de noviembre del año 1962. Hacia 5 años que había fallecido mi vieja, caía asesinado en Dallas John Kennedy y cuando al regresar del cementerio llegue al bar La Comparsita para aplacar un poco la sed con una cerveza, el Tinga Enríquez, dueño del Bar sin mencionar palabra alguna me alcanzo un papel donde se leía hasta siempre amigo, el Gringo Artus.
Unas semanas antes me había invitado para irnos a Brasil, pero un par de cosas me lo impidieron, el dinero él lo solucionaba, pero yo le había prometido ayudarle al viejo Juan en un trabajo en Campana, en la casa de Alberto Pilón, y además todo salio muy de prisa. Lo importante de todo fue que él posiblemente lo entendió perfectamente, aunque nunca pensé que se marcharía en esa oportunidad.
Un tiempo después yo también me fui y una noche en un bar de la Ciudad de Colonia compartiendo unos tragos con otros Ombuenses alguien comento que el popular Pocholo había vuelto al pago, además acompañado por una chica morochita del país del norte. De ahí en mas ni el tiempo ni nadie me ha sabido contar de sus complicados pasos y a veces cuando algún tintorelo me acorrala los recuerdos se me ocurre que cada día que pasa me va quedando menos tiempo para poderlo encontrar.
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PD—Lo leído líneas arriba fue escrito en el año 1985
El 19 de marzo, del 2005 llame a mi hijo Nicolás, de paseo con Nelly por el paisito, para saludarlo en el día de su cumpleaños y me contó que se había encontrado con Rubén “Manru” Oudri quien le alcanzo un diario donde decía que un viejo amigo nuestro había sido asesinado en Brasil, unos años atrás. Colgué el TEL, agarre el vino y la guitarra y me pele para el patio para ordenar un poco los recuerdos.
Se ve que el tinto, la nostalgia y el cansancio hicieron su trabajo. Cuando desperté tenía a mi lado los 2 perros, el Che con su recia figura de azabache y el Colita, principal promotor de todos los barullos. En el marco de la vida había encuadrado para siempre los recuerdos de nuestro querido AMIGO…. A tu Salud, Kinato, Pocholo Artus.
Walter González