4 – ‘Zatopek’

Por una época le había dado por el entrenamiento al popular Pedro “perico, el brasilero” Álvarez, tal vez emulando viejos tiempos de maratonista o a lo mejor buscando estado atlético para volcarlo en las tardes domingueras de apasionado fútbol, en beneficio de un buen referato. Aclaro que sus corridas nada tenían que ver con pérdida de peso o cosa por el estilo, ya que su peso normal nunca sobrepaso los 45 kilos, pucha que soy malo.

Recorría primero las calles de atrás, en esa época no había “periférica”, para después pasar trotando, con paso firme por la principal avenida. Zapatillas “incal” súper livianas, una musculosa que nos permitía ver todos sus atributos físicos en vivo y en directo y un pantalón de fútbol, de un color azul descolorido, pero tan grande que actualmente sería la última moda.

Cuando pasaba por la esquina donde estaba reunida la barra, levantaba un desefrenado embalaje bajo el griterío infernal de los muchachos de la barra allí reunidos que le hinchaban el corazón de euforia y alegría.

Y así noche tras noche su figura “gacelita” se desplazaba por la principal y vieja avenida “Zorrilla de San Martín”. Aquella tardecita la esquina estaba más concurrida que nunca, entre los que recuerdo, Luis “el gurí” González, Dario “Laco” Maciel, Alberto el “enterizo” Fernández, el “calavera” Franklin Oudri, Isidoro “La Nena” Martinez, el “Patón” Dávila, El “chueco” Long, “chiche” Vidal, el “Chito” Meyer, “Fosforito” Martinez, ‘la Tortuga’ Manitto, ‘El Ratón’ Rodríguez y bueno todos los que estábamos, los de siempre, que esperábamos al popular “Perico”. Aclaro que los que no tenían apodo había que inventarles algo para que no se sintieran marginados, ni vírgenes de sobrenombre. Pero el tiempo pasaba y nada, hasta que de pronto Isidoro “la nena” Martínez exclamo ¡allá! viene. Todos miramos pero no vimos a nadie.

Venía en sentido opuesto, iba para el cine y del brazo de Inesita Pignanesi. Muchísimos kilos de diferencia quien lo podía ver, eran un solo corazón. La barra entera quedo sin palabras. Fue Dario “el laco” Maciel que rompió el silencio, que hablaba poco, pero cuando lo hacía desarmaba todo.

¡Con razón tanto entrenamiento! La noche se fue “arrugando” hasta quedar chiquita, apretada entre tanto comentario. La luna se asomo tímidamente por entre las nubes, como para vichar lo que pasaba y la barra se fue retirando lentamente, pero con el corazón lleno de alegría, una vez más había triunfado el amor.

Walter González.

(Emil Zatopek: la locomotora humana, unos de los mejores fondistas de todos los tiempos. Destacaba por su forma de correr un tanto agónica pero efectiva. El triplete de 5.000, 10.000 y maratón en unos mismos Juegos Olímpicos no ha vuelto a ser igualado por nadie hasta la fecha)