De tiempo en tiempo se les veía salir del bar de los Hermanos Viggiano; después de terminar una larga partida de billar, campo donde se destacaban y eran respetados como buenos ‘tacos’ como se decía en las partidas de billar. Juancito Rojas seguía camino a su casa y Amín »La cachirla» Ale lo acompañaba hasta donde estaba reunida la barra. De un lado Juancito y del otro, Amín y su compañera una «Robusta» bicicleta, negra, fuerte como echa a prueba de guerra. Amín si andaba apurado »lo tenía que pensar» se quedaba sentado en la bici y si no la recostaba a un árbol o contra la pared del taller de don Basilio Oudri y se quedaba escuchando alguna historia que siempre las había, eso si nunca se le caía la pinza de la ropa que usaba para que la cadena de la bici no le mordiera el pantalón, la usaba hasta jugando al billar.
El que le tiraba el centro al área a su llegada, casi siempre Manru Oudri ¿y Cachirla como anda ese barrio? que era lo mismo que darle carta abierta para alguna anécdota de sus vecinos, ya fueran Germancito Alhers, Carmelucho Rodriguez o el Pato Stemphelet entre otros o de pronto se largaba con algún cuento de sus paisanos que lo mantenían con un raiting de categoría entre la curiosa muchachada.
De oficio relojero, desde su taller tenia relojeado a todo el pueblo, ya que por ese lugar se daban cita además de los clientes una animosa juventud, ansiosa de escuchar anécdotas y contar lo viejo y lo nuevo que solía pasar y Amín enriquecía su colección de dichos y cuentos que se escuchaban en el entorno de la población.
Muy tranquilo el Amín era más fácil sacar la »sellada» que verlo alguna vez en estado nervioso, eso sí muy buen arquero en sus épocas de mozo, siempre llegaba a “tiempo” y recuerdo que algunas veces jugando en el club Nacional de compañero con el 2 en la espalda me sentía totalmente seguro de pifiar a voluntad y discreción. Me viene a la memoria cuando tendría unos 8 años visitábamos a Piche y la Nena Gonzalez en donde después se mudo el Zorzalito mas o menos a mitad de cuadra, antes de eso el taller estaba en la esquina y trabajaba también Alpino Gonzalez, al lado vivía la Flia Machuca y en la esquina de enfrente La Mosca Artus con su taller de reparación de radios y afines como ven una esquina llena de tecnología
Recuerdo una tarde que caminaba con rumbo a la cancha de pelota al fondo del almacén y bar de Purtcher, pero ya bajo la tutela del ñato Bone, en dirección opuesta un señor con gorra de cazador, vestimenta gauchesca y paso más o menos, me detuvo con la siguiente pregunta, ¿Dígame mocito me sabría indicar adonde puedo encontrar la relojería El Zorzalito? UD sabe que le deje un reloj a la Cachirla, para reparar, pero no puedo encontrar la relojería.
Enseguida me di cuenta que el hombre venia de algún bodegón cercano porque lo denunciaba un fuerte «aroma » a caña amarga “lo del aroma me lo contaron” y una inseguridad para mantenerse tranquilo que lo denunciaba descaradamente. ¿Y dígame cuanto tiempo hace que le dejo el reloj?, y mire el negocio lo tenía en una esquina y si mal no recuerdo trabajaba con él un señor de apellido González o algo por ahí, si no me equivoco, yo por esos años trabajaba en la estancia de la Yiya Bianchi y ya van más de 10 años que me fui de esa estancia.
Bueno le dije no le puedo asegurar que ya lo haya terminado de arreglar pero a su reloj es seguro que lo va a encontrar. Vuelva una cuadra para atrás, doble a la derecha y justo a la media cuadra esta la popular relojería «El Zorzalito» y salió sin pérdida de tiempo en busca de su «longines» de bolsillo asentado en rubíes. Lo que todavía no me lo puedo explicar es porque si a Amín Ale lo apodaban ‘La Cachirla’ bautizo su negocio con el nombre de ‘El Zorzalito’, bueno tal vez cosas del marketing y la globalización.
¿Sabrá el diosito y algún otro, la verdad de la cuestión? Algún día lo sabré.
Walter González