Y bueno las cosas o las actividades de aquella tarde se presentaban como siempre, o tal vez no tanto, porque la pucha que hizo calor! La cañada Rochon, escape obligado de la muchachada en las siestas veraniegas de seguro que había estado “a full”, o mejor dicho “a todo trapo”, o tal vez no tanto porque los muchachos nos bañábamos al puro ‘cuero’ limpio nomás. Temperatura, tiempo pesado, humedad pero igual el mate de Manrú Oudri se trasladaba de mano en mano.
De tanto en tanto el petiso Oronoz “Artigas Gheris” (para los documentos) aceleraba la sierra eléctrica y metía bastante ruido cortando un 0sobuco para despistar a la tía Aurelia, dueña de la carnicería. Después se lanzaba a toda carrera en dirección a la esquina del taller, donde Manrú le tenia preparado el mate lleno, era tome y vuelva a seguir metiendo ruido con la sierra. Y crease o no, esa corrida era el único entrenamiento que hacia, total en esos tiempos y jugando de arquero ya era mas que suficiente.
Caminando muy lentamente por la vereda de enfrente se acercaban dos figuras muy populares. Uno de seguro Pablito Montes de Oca que lo vendían sus alpargatas blancas y la otra persona ‘El tape’ Castillo, todo una bolsa de nervios (pero agujereada), iban dirigiendo sus pasos hacia el bar de Viggiano.
De repente a lo lejos se empezó a divisar una figura poco familiar, por lo menos a esa hora de la nochecita. Paso firme, cabeza erguida, blusa torera blanca sueltota y pollera negra cortísima generando un total desafío para aquellos tiempos. ¡Que les cuento! Victoria Leguisamo que venia repechando. ¡Que figura hermano! Que fuerza de rodillas desnudas, que mucho de todo y que desilusión para el 99% de la indiada, si es que había algún suertudo por ahí.
En un minuto todo el mundo boca abajo, nos quedamos sin palabra, es que Victoria tenía su temperamento, y si era necesario usarlo no lo pensaba dos veces. Cuando paso, estoy seguro que nadie se arrepintió de echar una miradita. Si me parece que la veo, como decía aquel verso de Don Atahualpa, “¿donde andará la moza del portezuelo?, nunca le dije nada pero que lindo, siento un dulzor amargo, dentro del pecho”
Isidoro Martínez largo una pregunta como al descuido “¿que de aquello de la pura espina?”, vaya sobrenombre caramba. La respuesta no se hizo esperar por parte de ‘Chito’ Meyer que comento, “tal vez por su modo liviano y nervioso de caminar o a lo mejor como la tararira chica difícil de…, bueno ustedes me entienden” ¿Que quieren que les diga?, para mi que son los duendes de la vida, los que se encargan de los sobrenombres.
Jilo Granotich comento como suavizando el asuntieri, “debe de ir a lo de la Negra Fripp a probarse algún vestido”. Acotación al santo cuete porque a esa altura del partido quien se podía preocupar por los asuntos de la alta costura.
Después de un lapso prolongado de tiempo ‘Kinato Pocholo’ Artus, como que apretó los dientes, mastico las palabras, sacudió la cabeza y comento antes de marcharse. “Que tarde mas al pedo”. Pero querido hermano Pocholo perdóneme, usted se equivoco feo esta vez porque Victoria Leguisamo no pasaba por la esquina del taller todos los días.
Walter González