Para la barra aquel sábado se presentaba bastante bajo monetariamente hablando. No se vislumbraba por ningún lado la posibilidad de poder bancar la boletería del cine Tabaré, para todo el cuadro y menos aun la idea de disfrutar en algún bailongo de la zona. Pero como siempre la situación había que sacarla a flote como mejor se pudiera.
Por decisión unánime se aprobó la idea de visitar las instalaciones del Bar de Don Ramón Meléndrez y su Sra. esposa Magdalena, donde en las noches de mucho movimiento Mincho Maidana aparecía luciendo sus notables habilidades de ‘Barman’ y siempre con el corazón abierto en todo momento. Que gran valor ‘el Chato’.
A eso de las 9 de la noche salimos con rumbo a lo de Magdalena ‘el Coco’ Purtcher, Isidoro Martinez, Mario Oudri, yo con la guitarra bien destemplada y al pasar frente a lo del peluquero Matonte, se nos unieron ‘Abril’ Rodríguez y ‘el Codo’ Dávila que andaban a la vuelta. Cuando llegamos y para comenzar la cosa Mincho nos sirvió un ‘kilo’ de vino, el lo llamaba así. Un litro suena muy duro, solía decir.
Litracho que distribuimos tímidamente bajo la atenta mirada de Sandunga Maidana, ‘el Toto’ Caparra, Miguel Gomes, Cupertino Hernández,’ el siempre popular Albornoz, Luis Giardello, ‘el Lechón’ Dávila, Cesar ‘Fretoqui’ Romero y ‘el Negro’ Aparicio que también estaban trasegando sus licores.
Espumadera Cabral llego desde fondo del bar, con la inquietud de recolectar unos pesos para hacer una ‘baca’, lo habían ‘despilchado’ temprano. Soberbio monte al fondo, de eucaliptos y del ‘otro’ con una animosa concurrencia de apostadores y mirones.
Mincho sirvió otro ‘kilo’ y sugirió la idea de sacar la guitarra para cantar temprano, porque por orden policial, no estaba permitido cantar después de las doce de la noche. El ‘Negro’ Albornoz que había traído una armónica para entreverarse en el dialogo musical comento “eso es una alevosa y terrible disposición judicial, que atenta contra los intereses de una población juvenil, que busca abrirse paso en el ambiente cultural de su pueblo.” Que tal!
Enseguida se armo flor de ruido, todos los que se pelaban en la timba se desahogaban cantando. Mincho pedía que le cantáramos ‘Pato Sirirí’, mientras preparaba una picada de queso y salchichón, con masas Maria, y esperaba la llegada de algún ganador, no todos perdían. Después de un prudente lapso de tiempo les señalaba un platillo ubicado sobre el mostrador y comentaba “para los cantores”. Nadie se negaba, todo lo contrario ordenaban otro ‘kilo’, plata dulce como se dice. Y así entre el murmullo bolichero y nuestra actitud fiestera, caminaba la noche.
Timba, guitarra, vino, amigos y gente conocida saliendo y entrando. Un cuarto para las 12 de la noche se oyó la voz enérgica del policía ‘Mingo’ Zamora, que apenas si traspaso la puerta, pego el grito, “¡en 15 minutos hay que parar la guitarreada!”. Fue lo único que dijo. No habían pasado 5 minutos cuando apareció en escena mi viejo Juan ‘Zorrillo’ González que se había perdido a costillas de una ‘sota’, la plata de un piso que le había colocado al ‘Rengo’ René Colota. Como desahogo pulsó la guitarra y se puso a tocar la ranchera ‘mate amargo’, ante la atenta mirada de los presentes. Y amargo fue lo que le paso. De pronto, en menos que canta un gallo se abrió la puerta y entre las sombras de la noche se recorto la recia figura del gendarme ‘Poncho Miado’ Rodríguez, seguido de dos subalternos fieles a la causa, con orden terminantes de parar la algarabía.
Juan ‘Zorri’ que aun conservaba la bronca en toda su plenitud y no sabia nada de lo que estaba pasando, encaro de lleno preguntándole a ‘Poncho Miado’, quien era el para parar el canto y la guitarreada. Este retruco para que veas yo soy la autoridad, iba a seguir hablando, cuando el ‘Zorri’ encaro decidido al área chica, diciendo que para poder proceder primero tenia que haber un ‘comunicado’ del poder ejecutivo pegado en la puerta de entrada al Bar.
‘Poncho Miado’ haciendo alarde de todo su poder miliquero retruco “¡yo te voy a dar poder ejecutivo!”, manoteando a Juan ‘Zorri’ de las solapas para llevárselo a fresquiar en las instalaciones de la gélida dependencia policial. El murmullo atrajo la presencia de Quico Medina, Mateo Castro y ‘el Ronco’ Vitalis que intentaron defender al compañero de ‘carpeta’ pero los dados ya estaban echados.
Y de esa forma termino la aventura de ‘Los cantores de la noche’, que salimos cuesta abajo en la rodada, pero no así la partida de Monte casi ‘clandestino’ de aquella noche, como tantas ‘otras’ cosas de la vida.
Al día siguiente, prontos a salir con el club Nacional a disputar un campeonato relámpago en Campana, se noto la ausencia de Juan ‘Zorrillo’ en la torcida tricolor. No falto quien supiera adonde estaba y allá salio toda la comitiva rumbo a la comisaría. ‘Quito’ Purtscher que choferiaba el camión de su hermano Pepe, fue quien negocio la libertad del ‘Reo’ quien fue recibido bajo un griterío infernal por la muchachada camionera.
Sin faltar por supuesto, las infaltables frases cargadas de poco cariño contra los ocupantes de la institución policial. El viejo Juan cada vez que la muchachada lo cargaban con lo sucedido comentaba, “Y pensar que con ‘Poncho Miado’ fuimos juntos a la escuela, y ni siquiera el tabaco me dejo para cartear la noche. Me cague de frió de puro jetón nomás”, y agregó, “pobre de aquel’ que un día lo culpen de algo. Y lamentablemente el tiempo y ‘otros yerbas’ le darían la razón.”
Walter González